Muack

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viernes, 5 de septiembre de 2008

DECIBELES DE COLORES EN MI CABEZA <3 parte I




El cornezuelo es producido por un hongo denominado Claviceps purpurea, crece sobretodo en el centeno pero también en “otros cereales y gramíneas silvestres”. Su pequeñez oculta una relevancia insólita en la historia, pues pasó de ser un peligroso veneno a una pequeña fuente de sustancias curativas. En la alta Edad Media produjo desastres gigantescos en poblaciones europeas, con miles de personas muertas e intoxicadas, sin que descubrieran en esos años que el veneno se encontraba en las espigas que utilizaban para hacer el pan. “El mal, cuya conexión con el cornezuelo no se descubrió durante mucho tiempo, aparecía bajo dos formas características: como peste gangrenosa (ergotismus gangraenosus) y como peste convulsiva (ergotismus convulsivus). A la forma gangrenosa del ergotismo se referían las denominaciones de la enfermedad del tipo de mal des ardents, ignis sacer, fuego sacro.


Hofmann trabajando con ergotoxinas y a partir de ellas sintetizando ácido lisérgico, obtuvo en primer lugar una ergobasina mejorada (Methergin) que es hoy en día ampliamente usada como hemostático citócico en obstetricia, pero también, en sus variados ensayos, sintetizó en 1938 el LSD-25 (25 por el número de ensayo), cuando buscaba un estimulante para la circulación y la respiración (analéptico), debido a su similitud con la dietilamida del ácido nicotínico (coramina), un conocido analéptico. Al ensayarse en los animales de Sandoz, se comprobó un efecto narcótico y hemostático sobre el útero (pero menor a la ergobasina), por lo que se detuvieron ulteriores ensayos. Durante cinco años el ensayo permaneció guardado, mientras Hofmann seguía trabajando en el cornezuelo, cuando lograba diferenciar la ergotoxina en tres alcaloides particulares, uno ya descubierto con anterioridad (ergocristina), y los otros dos completamente nuevos, bautizados como ergocornina y ergocriptina.


Con estos alcaloides se elaboró un compuesto farmacéutico vendido y utilizado para “fomentar la irrigación periférica y cerebral y mejorar las funciones cerebrales en la lucha contra los trastornos de la vejez”, bautizado como Hidergina, y que ocupó mucho tiempo el primer lugar de ventas en Sandoz. A partir de la dihidro-ergotamina, y su producto comercial el Dihydergot, se creó un fármaco para estabilizar la circulación y la presión sanguínea. Hofmann se encargó no solamente de la purificación de estos tres productos: Methergin, Hydergin y Dihydergot, sino también de su producción industrial.
Cinco años después Hofmann retoma su trabajo, intuyendo que el ensayo LSD-25 podía servir a pesar de la sentencia eliminatoria que le enviaron los encargados de farmacéutica. Vuelve a sintetizarla, pero en la fase final padece de algunas sensaciones extrañas que lo hicieron abandonar su trabajo y volver a casa a descansar, mareado. Al recostarse se sintió embriagado, con los ojos cerrados le “penetraron sin cesar unas imágenes fantásticas de una plasticidad extraordinaria y con un juego de colores intenso, caleidoscópico. Unas dos horas después este estado desapareció”.


Relacionó este efecto narcótico con su trabajo con el LSD, pero sin entender cómo pudo contaminarse a pesar de su pulcritud. Conociendo la fuerte toxicidad de los alcaloides del cornezuelo, decidió diluir una muestra basándose en las dosificaciones mínimas habituales para el promedio de los alcaloides, y pensando obviamente que era la dosis más baja posible: 0,25 mg de tartrato de dietilamida del ácido lisérgico. El efecto fue muy fuerte, lo llevaron a casa, y en sus momentos de lucidez solicitó un médico y un poco de leche de sus vecinos (desintoxicante no específico).
El mareo era tan fuerte que no podía permanecer de pie, su entorno giraba, los objetos tomaban formas grotescas y amenazadoras; la vecina que le trajo leche era (supuestamente) una bruja malvada y llena de muecas de colores.


Se sentía apoderado por un demonio. Sintió el miedo terrible de haberse enloquecido. Por momentos se sentía fuera de su cuerpo, observando la situación. Su pensamiento ardía en reflexiones de desastre, pérdida de carrera, de familia y reputación. No podía “formular una oración coherente” cuando llegó el médico, a pesar de que había pasado ya por el punto más álgido de su crisis.

Pero su pulso, su presión sanguínea y su respiración eran normales, por lo que no le administró ningún medicamento, limitándose a recostarlo y acompañarlo en su habitación.

“El susto fue cediendo y dio paso a una sensación de felicidad y agradecimiento crecientes a medida que retornaban un sentir y pensar normales y creía la certeza de que había escapado definitivamente del peligro de la locura”.


Con sus ojos cerrados, veía juegos de colores, caleidoscópicas, círculos y espirales que se abrían y cerraban; sus sensaciones auditivas se transformaban en sensaciones ópticas.

“Cada sonido generaba su correspondiente imagen en forma y color, una imagen viva y cambiante”.

Al día siguiente todo estaba bien, o mejor, “el desayuno tenía un sabor buenísimo”.

En el jardín cuando salió, sus sentidos “vibraban en un estado de máxima sensibilidad que se mantuvo todo el día”.


Hofmann incluye en su libro testimonios de tomas de LSD por parte de distintos personajes. El de Jaeckle cuenta que las cosas respiran, se nota en sus bordes. Su mente está tranquila y con buenas ideas; se le revela que cada cosa tiene una letra de acróstico de la “única buena sabiduría universal”, y que lo que había que hacer era “encontrarla en todas las cosas de la unidad del poema universal”. Como no puede decirlas pero si intuirlas, deduce que “el ocio está más cerca de la sabiduría”, que “la voluntad ensombrece la inteligencia” y que “se ilumina a quien no tiene voluntad”. Al mismo tiempo reía mucho, y su risa “rimaba con el acróstico”. En resumidas cuentas, que el trabajo duro y esforzado limita la inteligencia, que no podía expresar en palabras los acrósticos pero que si podía entenderlos.